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Crestas del Diablo


Crestas del Diablo

Llevaba ya un rato pensando cómo empezar a escribir esta entrada, no sabía si comenzar diciendo algo así como: tercer fin de semana consecutivo de agotadora actividad; un kilo menos y ya van tres en quince días; o quizá, nueva ida de olla de escalada, monte, muchos metros de desnivel y más horas de escalada. La cuestión es que el sábado y el domingo subimos con Jorge Huesca al Valle de Tena con idea de escalar los dos días, bueno, más que con idea, con poca idea y nada de talento.

Trepada de acceso al Collado del Canino

El sábado estuvimos en la escuela de escalada de Forronías, lugar en el que nunca habíamos estado, para escalar un poco y probar paredes nuevas. La verdad es que nos gustó mucho, es un sitio al que seguro volveremos, grado variado, vías asequibles, más difíciles, equipadas, semiequipadas, desequipadas, de un largo, de varios…

Canino, primer largo del día (IV+) con un clavo

Por la noche subimos a Sallent a ver qué se cocía, era Pirineo Sur y ya sabemos cómo se pone ese pueblo con estas cosas. La verdad es que cocerse se cocía más bien poco, el camping vacío, sitios para aparcar y poquita gente. Tomamos una cerveza y para La Sarra a dormir, donde al contrario que antes si había más problemas de aparcamiento, algo debían de regalar…

Jorge en la cresta

Lo ideal hubiese sido subir a dormir a Respomuso esa tarde, pero el refugio estaba completo por lo que decidimos hacerlo en La Sarra, aún a sabiendas de que tendríamos dos horas y media más de aproximación y 800 metros de desnivel. Las ganas por hacer las Crestas del Diablo nos podían y poco nos importaban los inconvenientes de hacerlo en un solo día.

Pasito chulo sobre una estrecha repisa

A las cinco de la mañana sonó el despertador, todavía era de noche, habíamos dormido cinco horas. Rápidamente nos desperezamos, desayunamos un trozo de bizcocho cada uno y comenzamos a andar hacia el refugio. En el parking la luz de algún frontal, en el camino nadie hasta Respomuso.

Yo en la cima del segundo Cuerno del Diablo. Foto de Ignacio

En las inmediaciones del refugio pudimos ver a las primeras personas que subían hacia el Balaitús, a eso de las 8 de la mañana. Al rato vimos a alguien conocido, nada extraño en estas fechas en las que todos aprovechamos para salir al monte. Era Ignacio, que venía desde Huesca (se había levantado a las 3 de la mañana) con intención de hacer las mismas crestas que nosotros pero en solitario. Lo de en solitario es un decir, nos juntamos unos cuantos ahí arriba por lo que acabó estando bien acompañado, eso sí, él iba por su cuenta, autoasegurándose y sin compañero de cordada.

Jorge en uno de los largos más divertidos y fotografiados de la cresta

A las 10 menos cuarto de la mañana estábamos en el Collado del Canino, unas cuatro horas y 1.400 metros de desnivel después de haber salido de la furgoneta. Empezamos echando un largo nada más empezar, pero poco después nos dimos cuenta de que podíamos tirar bastante en ensamble. Acabamos haciendo cinco largos en toda la cresta, que nos costó un total de 5 horas, el resto en ensamble. Aunque empezamos bastante rápido nos lo acabamos tomando con tranquilidad, viendo que era imposible empalmarla con la de Costerillou habiendo venido desde abajo.

Arista de Costerillou y Balaitús. Queda pendiente para otra ocasión

La bajada la hicimos por la canal que hay justo al terminar la cresta, antes del Pico Soulano. Un destrepe delicadillo hasta una instalación para un rapel de 30 metros que nos deja en otro montón de cintajos viejos que marcan el inicio de un segundo de unos 60. Hubo un problemilla técnico en este segundo rápel, ya que en un principio pensábamos que valdría con 30. Tuvimos que acabar montando las dos cuerdas para hacerlo de 60, con “rescate” en medio de la pared incluido. Creemos que la bajada “correcta” se debe de hacer subiendo al Soulano para descender hasta otra canal hacia el otro lado, supuestamente con parabolt y preparada para rápeles de 30 metros. Una vez abajo todavía quedaba el interminable descenso hasta La Sarra, llegando a las 9 menos diez de la noche, algo más de 15 horas después.

Al final de la cresta, en el último paso, hay dos alternativas: una es destrepar y hacer este paso orizontal, protegido con un fisurero empotrado y una baga. Ignacio sacánoselo en solo… uff

Empleamos un juego de tres friends, del 0.5 al 3 (corrígeme Jorge si me equivoco) y otro de fisureros más bien grandes. Dos cuerdas de doble de 60 metros, una de las cuales no usamos en ningún momento, a excepción del segundo rápel (menos mal…). Pies de gato, aunque siendo valientes se puede escalar toda con botas, como hizo Jorge, y casco.

La otra alternativa es tirar por el filo y hacer este otro paso a bloque, protegido con dos clavos y preparado para el A0

Había muchas ganas de hacer esta escalada, que teníamos en el punto de mira desde hacía varios años. Es la cresta más difícil que por el momento hemos hecho y “pecamos” de precavidos llevando la segunda cuerda, lo que supuso un sobrepeso importante. Por lo demás, recomendable actividad, bella como pocas y con mucho ambiente, que nos dejó un muy buen sabor de boca.

Refugio de Respomuso a la vuelta

Javier  

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